Semana
49
Severina Bau

¿Una señal?

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Sara nunca se atrevió a contarle a nadie a qué iba en realidad a Londres. A lo mejor habría servido de algo poder pedir consejo o prepararse para lo que seguramente no iba a pasar, pensaba mientras echaba un vistazo a las tiendas del aeropuerto. Hacía años que no se subía a un avión. Con la edad les había cogido miedo. En realidad, pensaba mientras ojeaba una revista de cotilleo, dejó de gustarle volar desde que tuvo a los niños.

Dejó la revista en la estantería y siguió mirando a su alrededor. A la tienda llegaba el olor del café recién hecho mezclado con el de los perfumes que un par de chicas jóvenes con unas piernas larguísimas ofrecían a los clientes con una sonrisa. En esas ocasiones Sara siempre contestaba con un “no, gracias” porque no quería que un nuevo olor contaminara su propio perfume. Pero esa mañana se sentía como una aventurera, mucho más joven y atractiva. Esa mujer que había brotado dentro de ella merecía su propia esencia.

- Hola
- Hola, ¿quiere probar Noche Sky?
- Sí, gracias.

La chica le dio una pequeña muestra y un papel alargado con un poco del perfume. Sara se lo llevo a la nariz y notó que una inesperada emoción le recorría el cuerpo.

“No te flipes”, se dijo. “No va a pasar nada”. La fragancia le recordaba a algo que no podía concretar en ese momento. Volvió sobre sus pasos y preguntó:

- ¿Qué lleva esta Noche Sky?
- Es la nueva fragancia de Andreas Clark, el diseñador. Lleva peonía, jazmín y cristales resplandecientes de ambroxan.
- ¿Ambroxan?
- Sí, viene del ámbar ¿le gusta verdad? Es tan sugerente que no se puede fijar en la mente. Es como si nos recordara a algo pero no fuéramos capaces de adivinarlo.
- Exacto...
- ¿Lo ha notado?
- Sí, sí. Ha sido algo muy extraño.
- Es una pasada. A mí me ocurrió lo mismo la primera vez. Pero es que me sigue pasando. Es un olor que evoluciona, con muchos matices... Es como...
- Como misterioso.
- Sí, es un olor misterioso. ¿Quiere probarlo en la muñeca?

Sara extendió su mano sin pensarlo y noto el fresco spray en contacto con su piel.

- Espere ahora un poquito. No conviene olerlo nada más echarlo.

Por un momento se sintió tremendamente absurda manteniendo esa conversación con una desconocida en un Duty Free de un aeropuerto. ¿Desde cuándo estaban tan bien preparadas estas chicas? ¿No bastaba con saberse el nombre del perfume y el precio? Era raro hablar de cosas tan personales rodeada de gente. Pero de nuevo la versión aventurera de Sara tomó las riendas de la situación y se acercó la mano a la nariz. Cerró los ojos como si estuviera dispuesta a aceptar el hechizo. Esta segunda vez sintió el mismo escalofrío agradable y envolvente. Dejó por un segundo de escuchar todo el ruido a su alrededor y se concentró para buscar a qué lugar de sus recuerdos le llevaba ese perfume. En un segundo abrió muchas puertas que no eran, hasta que de golpe se visualizó en una biblioteca llena de libros viejos con el suelo de madera de esos que crujen a su antojo.

Abrió los ojos y pensó que era una señal. Una señal del destino.

“No te flipes. No va a pasar nada”
“Ya, ya, ¡pero huele a eso!”
“Habrá sido tu subconsciente”
“... pero el escalofrío”.
“Estás sensible. Es normal”.
“No, no es solo eso”
“No te flipes”

- Me llevo un frasco. ¿Cuál es el más grande que tienes?
Publicado la semana 49. 10/12/2017
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