Semana
51
Nuria López Blázquez

El retorno del Señor Scrooge

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Este año al menos en Madrid, todo el mundo comenta que no hay sensación de que ya sea Navidad. Yo lo comparto. No sé si es porque cae en fin de semana y no tenemos vacaciones, porque hay que hacer malabarismos para conciliar la vida laboral y la personal precisamente por esa circunstancia del calendario…tan sólo quien trabaja en alguna tienda es feliz sabiendo que el 24 no tendrá que estar vendiendo las típicas alcaparras olvidadas de última hora hasta las diez de la noche, salvo en El Corte Inglés donde tod@s sabemos que eso sí pasa, sea domingo, Viernes Santo o el día de la Constitución.

Lo de que el 25 sea lunes sabe a poco. ¿Quién se anima a beberse la última copa de anís del mono o de cava, que este año anda muy de moda, a las diez de la noche, en plena sobremesa de la comilona de Navidad, si el martes a las 8 tienes que estar como si nada en la oficina?

Coincido: al menos con tod@s los conocidos y amig@s con los que he hablado dicen que no hay espíritu navideño este año. ¡Con lo que me gusta a mí la Navidad!

Me pasaría horas envolviendo mis paquetes de regalos y los de todo el vecindario, poniendo frases agradables en las tarjetas a quienes habéis estado a mi lado durante el año y negándome a contestar a ninguno de esos mensajes masivos y absolutamente impersonales que se mandan a la hora de la cena. Quizá debido a que la gente no sabe disfrutar de lo rico que está todo en Navidad, que hasta el pan sabe diferente, y de poder poner la calefacción esos días y qué leñe, ¿si no pongo entonces la calefacción cuándo la voy a poner?

Y velas, muchas velas y espumillón "a muerte". Mi prima siempre ha dicho que soy muy “chimpún” para todo, y eso debe ser que la purpurina y el dorado se pueden poner por doquier en Navidad.

Sin embargo, por mucho que no huela a Navidad, que ayer pasara por la Puerta del Sol y no hubiese cola para entrar en el árbol iluminado, que tampoco la hubiera en el Lidl esta tarde a las ocho y que en el chino del barrio hayan bajado el precio de todos los adornos navideños porque no se venden…lo que no falta nunca es un Señor Scrooge que a la menor mención o simplemente al atisbar que el lunes no se trabaja porque es la "maldita Navidad", aprovecha para contar a diestro y siniestro lo poco que le gustan estas fiestas.

Luego está el “modelo Scrooge” auténtico de Dickens que además intenta amargar a tod@s mpañer@s de trabajo y que como pueda, consigue que el 23 te quedes hasta las ocho de la noche para ver un tema crucial del último proyecto, justo ESE que es imposible que le concedan a la Ong, o el que cuando lleva alguien polvorones o bombones para la hora del desayuno, pone cara de esto huele fatal.

Y eso que la crisis acabó prácticamente con las cenas de empresa, afortunadamente en este caso, porque tod@s tenemos un Scrooge en la empresa o en la familia….ese tío que se trae el consomé de casa porque es una noche “como otra cualquiera” y “a mí lo que me sienta bien es el consomé para cenar, de siempre”.

Y digo yo desde mi adoración más absoluta a estas fechas de tradiciones navideñas, desde la cena del 24 con villancicos y sidra el Gaitero de etiqueta plateada incluidos, al roscón sin relleno por supuesto, pero con chocolate caliente del día 5: si este año no hay espíritu navideño en esta ciudad y nadie tiene la impresión de que en dos días vaya a volver a cenar con la familia política, ¿por qué demonios sí que han aparecido de nuevo como setas los “Scrooge”, exactamente en la misma proporción que el resto de los años?

Reconozcámoslo: ¡no es justo!
Publicado la semana 51. 30/12/2017
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