Semana
06
David Requena

Cuando somos genios

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Duermo poco y no demasiado bien, pero esas escasas horas de sueño profundo son suficientes para que lleguen los sueños.

Sueños... Sobre los sueños se ha escrito tanto que si anuncio que escribir sobre ellos sería llenar este espacio de tópicos, realmente estaría ya siendo tópico.

A mí sin embargo lo que me fascina de los sueños es cuando, muy ocasionalmente, resultan ser geniales.

¿No te ha pasado nunca? Seguro que sí; en lo más profundo de tu subconsciente se agrupan una serie de ideas de forma aparentemente aleatoria y lo que vives durante esos minutos es brillante.

Pero el soñador no es consciente del milagro que su sensacional imaginación inconsciente ha creado, hasta que ésta se desactiva y recupera la vulgar consciencia. Es en ese brevísimo y desesperantemente intenso instante cuando una aletargada parte de tu cerebro más racional analiza los recuerdos de la experiencia recién vivida y obtiene un veredicto: "¡Qué idea tan extraordinaria! De ahí puedo llegar a desarrollar por fin mi novela. Es increíble. Mañana mismo empiezzzzzzzzz...".

Para no ser tan tópico se me ocurre escribir precisamente sobre todas las ideas geniales y prodigiosas que hemos tenido (o creído tener) a altas horas de la madrugada y, firmemente decididos a pasar a la posteridad con ellas, nos damos media vuelta sin darnos cuenta de que nunca más volveremos a gozar de su presencia en nuestra mente.

Todas esas melodías mágicas, inéditas e irrepetibles, esos argumentos enrevesados, abstractos y únicos, esos inventos revolucionarios capaces de cambiar la historia, ese negocio sorprendente e infalible con el que nos haríamos inmensamente ricos... si al menos fuésemos capaces de recordarlo.

Quizá es porque no somos dignos de nuestra propia genialidad.

P.D: el clásico ejemplo de McCartney soñando "Yesterday" no me vale. Jamás me lo he creído.
Publicado la semana 6. 02/03/2017
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