Semana
52
Ana Centellas

Los cincuenta y dos

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El abuelo estaba sentado frente a la estufa, mientras dejaba que el calor que emanaba de ella le adormeciese los sentidos. Era ya bien entrada la noche y su pequeño nieto Nicolás estaba también a punto de dejarse vencer por el sueño. Pero, como cada noche, necesitaba que el abuelo le contase su historia, siempre la misma, una que le llenaba de ilusión y que le hacía soñar a diario. Nicolás, vestido ya con el pijama y su osito preferido bajo el brazo, se acercó con cara de sueño a su abuelo y lo despertó con un tierno beso. —Abu, cuéntame la historia. El abuelo se restregó los ojos y se quedó mirando con ternura a su nieto. Lo quería con locura, era su único nieto. Con una sonrisa le animó con un gesto a sentarse en el suelo, a su lado. El chiquillo no tardó en hacerlo y el abuelo preguntó, como si no supiese la respuesta, qué historia quería aquella noche, mientras le revolvía el pelo. —Abu, la de siempre, la de los cincuenta y dos —contestó Nicolás con carita de ilusión. —Pero Nicolás, siempre te cuento la misma. ¿No quieres otra esta noche? —preguntó el abuelo, esperando que su nieto le contestase que no, como cada noche. A él aquella historia también le gustaba mucho. —No, abu. Quiero la de los cincuenta y dos —le contestó el pequeño, fingiendo un puchero. Así, el abuelo le comenzó a contar a Nicolás la famosa historia de los cincuenta y dos. «Hubo una vez, no hace mucho tiempo, quizá este mismo año, un grupo de escritores que decidieron unirse para plantearse un reto. Era un reto muy especial, porque se trataba de escribir un relato, una poesía, un ensayo, lo que les apeteciera, durante todas y cada una de las semanas del año. Así, se juntaron cincuenta y dos escritores que consiguieron escribir cincuenta y dos obras durante cincuenta y dos semanas. Estas historias las iban compartiendo, semana tras semana, en una maravillosa página web, que poco a poco se fue llenando de las más variadas historias, cuentos, poesías... para compartir con el resto del mundo. En la última semana del año, al concluir el último texto, estaban tan orgullosos de haberlo conseguido que decidieron abrir camino a nuevos escritores para que continuasen con el reto al próximo año. Pero no te pienses que ellos dejaron de participar, la experiencia había sido tan enriquecedora que continuaron en un segundo plano escribiendo textos semana tras semana.» El abuelo miró a su pequeño nieto, dormido por completo con la cabeza apoyada en el brazo de su sillón. Se levantó con dificultad y, con gran esfuerzo, cogió al chiquillo en brazos y lo cargó hasta su cama. Lo arropó y le dio un suave beso de buenas noches. Cuando salía por la puerta, al apagar la luz, se quedó mirando durante unos instantes a Nicolás, que dormía con una gran sonrisa de tranquilidad en el rostro. Sabía que estaría soñando con los cincuenta y dos. Y también sabía que algún día, no muy lejano, conseguiría cumplir su sueño: formar parte del increíble grupo de los cincuenta y dos.
Publicado la semana 52. 29/12/2017
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