Semana
51
Ana Centellas

El conjuro

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El día que se produjo el eclipse total de sol, la tierra se ensombreció durante varios minutos. No fue como si hubiese caído la noche, sino como si la tierra hubiese sido cubierta por un enorme manto de nubes que lo volviese todo gris a su paso. En una pequeña cabaña escondida en lo más profundo del bosque un brujo aprovechó el momento de ausencia de luz solar para lanzar un poderoso hechizo que cayó como una condena sobre todo el planeta. No necesitó de ninguna ayuda. Aun así, convocó a todos los espíritus malignos para que ejercieran de testigos del enorme trabajo que estaba realizando. Una vez pronunciado el hechizo, el cielo se abrió durante un breve instante permitiendo que un gran rayo de tormenta se dirigiese hacia su varita de madera y, reflejándose en ella, impactase a escasos metros de la cabaña del brujo. El árbol sobre el que cayó murió al instante, quedando hueco y sin ramas de un momento a otro. El brujo permaneció un buen rato mirando al cielo, hasta que el eclipse desapareció y el extraño manto de nubes que parecía cubrir la tierra de desvaneció y volvió a brillar un hermoso sol. Salió a dar un paseo por el bosque, protegido del sol por una amplia capucha que acompañaba a su oscura capa, mientras con su varita iba comprobando los efectos del conjuro lanzado al eclipse. Cada árbol, planta o flor que rozaba con su varita, se secaba de inmediato, quedando en su lugar la estructura carbonizada de lo que había sido. Se alejó lentamente hacia su cabaña, más que satisfecho por el resultado obtenido. Si el conjuro realizado había salido como él esperaba, en muy poco tiempo no tendría que realizar por sí mismo aquel trabajo. Se encerró en su cabaña y no volvió a salir de ella en meses. Al cabo del tiempo, salió de su guarida para contemplar por sí mismo si aquel conjuro lanzado meses atrás durante el eclipse había dado sus frutos. No le hizo falta acercarse demasiado al pueblo, los efectos se apreciaban a pocos metros de su cabaña. El hombre, cautivo de aquel hechizo, se había vuelto un ser peligroso para la naturaleza. Encontró basura por todos lados, botellas de vidrio tiradas por doquier, buena parte del bosque había sido ya pasto de las llamas. Volvió a su cabaña con una sonrisa en los labios. Había funcionado a la perfección. Ahora solo tenía que dejar a los hombres hacer las cosas a su antojo. La destrucción del planeta estaba asegurada.
Publicado la semana 51. 21/12/2017
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